enero 3, 2011 at 9:17 pm Deja un comentario

En el reino de Ítaca las cacerías constituyen un ritual.

 

Los hombres preparan las lanzas, los arcos y las flechas.

Los esclavos preparan las monturas.

Las mujeres -sólo ojos y lágrimas- rezan por lo bajo pidiendo a los dioses por la vida de sus hombres.

Odiseo, el fecundo en ardides, prepara a su hijo para la caza. Repasan juntos los últimos detalles: sostener la lanza y el arco; sacar las flechas del carcaj corriendo a toda velocidad tras la presa.

Penélope, la madre, los observa.  Tener un hijo en edad viril es cruel.

Observa y maldice.

Maldice al padre de su hijo por criarlo a su imagen y semejanza.

Ella sabe, heredera de una sabiduría ancestral, que ese hombre, violador de ninfas y mujeres, alejará a Telémaco  de su lado… que lo arrastrará a guerras  sangrientas, donde los hombres se convierten en asesinos crueles, desmedidos; y la mujer, en botín de guerra.

Tuvo que matarlo.

C. G.

Entrada archivada en:Cuentos. Etiquetas:.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Trackback este articulo  |  Suscríbete a los comentarios vía RSS Feed


Comentarios recientes

Clicks

  • Ninguna

Estadísticas del blog

  • 1,036 hits

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.